Entrevista a Alary y Jouvray con motivo de «Moby Dick»

El dibujante Pierre Alary y el guionista Olivier Jouvray firman Moby Dick, una de las adaptaciones más ambiciosas del clásico de Herman Melville. El resultado es una novela gráfica exquisita donde el ritmo de la narración y la inmersión en las ilustraciones hace del viaje a bordo del Pequod una experiencia inolvidable. Charlamos con los autores con motivo del éxito del libro.

Moby Dick es una obra compleja, enorme, enrevesada, con capítulos enteros dedicados a descripciones, otros teatralizados, otros de evocación casi espiritual... ¿Es complejo versionar en cómic una novela así y no dejarse lo esencial fuera y además no perder la magia de la prosa de Melville?

Olivier Jouvray: Lanzarse con un monumento de la literatura siempre es difícil. Pero también es un reto muy estimulante. Lo complicado es posicionarse respecto a la obra, porque siempre vas preguntándote si no traicionas la idea principal, si no estás haciendo una versión “light” o “digest” de la obra original. Lo que yo quería era apoyarme sobre los hombros de Melville para proponer mi propia versión de las cosas, lo que yo sentía con esta obra. Hay que encontrar el camino, encontrar la manera de tomar distancia sin perder honestidad.

Pierre Alary: Eso es el trabajo de Olivier sobre todo. En lo que a mí se refiere estoy muy satisfecho con cómo ha conseguido condensar el relato de Melville, que tiende a perderse en largas digresiones, que sean técnicas o naturalistas. Olivier ha logrado focalizar sobre las relaciones entre los personajes y en particular sobre la fascinación y la autoridad que ejerce Ahab sobre sus hombres, dispuestos a seguirle hasta el final a pesar de todo.

 

No es la primera vez que la novela es llevada al cómic. De hecho, sin ir más lejos, este tomo coincide con otro de Chabouté. ¿Eran conscientes de ello? ¿Por qué y cómo surge este proyecto?

OJ: Nos ha costado varios años llevar a cabo este álbum con Pierre y cuando se programó la salida, no sabíamos que Christophe Chabouté preparaba su propia versión. De hecho había dos más programadas para ese año que fueron retrasadas por nosotros. Son gajes del oficio, a veces ocurre. Es el problema con las buenas ideas, otros suelen tenerlas también.

PA: Digamos que Chabouté sabía que estábamos haciendo una adaptación. Ja, ja. El caso es que nosotros empezamos a trabajar con “nuestro” Moby Dick hace ocho años. El guión de Olivier estaba terminado, el retraso es enteramente culpa mía. He hecho cinco álbumes entre el principio de mi trabajo con Moby Dick y la salida del libro. Hace dos años, Chabouté nos dijo que él también trabajaba en una adaptación que saldría el mismo año. Se acabó el efecto sorpresa, culpa mía.

 

¿Es complicado librarse de referencias cinematográficas, teatrales o literarias? ¿Pesa mucho la imaginería previa y el aire gráfico que se le da?

OJ: Tanto para el guión como para el dibujo, fue un juego permanente entre nuestra voluntad de conservar cierta distancia con las representaciones clásicas y nuestras ganas de observar una continuidad estética sin romper del todo con los predecesores. Cuando uno se lanza a leer (o ver) una adaptación de Moby Dick, se imagina por adelantado ciertas imágenes que va a descubrir. Hemos intentado dosificar sutilmente los momentos que satisfacen esta expectativa y los momentos en los creamos sorpresas.

PA: Artísticamente, creo que no podemos obviar la influencia por lo menos de la película. Mi idea de partida era dar una apariencia muy personal al personaje de Ahab. Pero, al empezar la documentación, me he dado cuenta que yo mismo no quería encontrar otra cosa que esta larga figura oscura y atormentada que describe el libro y está tan estupendamente puesta en imágenes en la película de Huston… Creo que para todo el mundo es cognitivo. También podríamos quedarnos con la parte fantasmagórica de la novela y seguir la dirección que tomó entonces Bill Scienkiewicz… una ilustración furiosa, pero para iniciados.

 

¿Qué es Moby Dick, la novela, y qué representa Moby Dick, el cachalote, para ustedes?

OJ: Leyendo la novela, tenía en mente una oposición increíble entre un animal devastador y sin piedad que destruía todos los navíos con los que se cruzaban y Ahab, un loco obsesionado con vengarse. En realidad lo que he descubierto no tiene que ver. He sentido un gran parecido con Sir Edmund Hillary cuya obsesión era vencer el Everest. Hillary no estaba loco pero sí dispuesto a arriesgar su vida y la de sus compañeros para plantar su bandera en la cima de esta inmensa criatura blanca. Poco importaba perder en el camino una pierna, un dedo o la razón, la meta valía cualquier sacrificio.
Otra cosa que me ha llamado la atención es la estructura de la novela. Muchas descripciones, digresiones, andanzas sin rumbo manifiesto… Me pregunté como tal novela pudo volverse un monumento de la literatura internacional. También me pregunté si una novela de estas características encontraría un editor hoy en día. Sigo sin tener respuestas a estas preguntas. Pero sigue siendo una novela de una notable riqueza y que da para más adaptaciones aún.

PA : Moby Dick plantea la cuestión de la capacidad de un solo hombre, por muy “loco” que sea, de llevar a su propia locura a unos cuantos hombres, ellos sanos de mente y conscientes de la entidad maléfica que representa. Nos lleva a pensar a muchos personajes históricos, como los dictadores por ejemplo.

 

Entrevista de Miguel Ayanz (La Razón). Lee el artículo del periodista «Un Leviatán de culto en viñetas».

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